Nacionales

El derecho a tener derechos (*)

Por Mabel Bellucci y Viviana Norman

Las políticas públicas a nivel global, promovidas por los gobiernos, o bien surgidas de leyes que se debaten y aprueban en los Parlamentos, son producto de diversos actores, del Estado como de la sociedad civil. Tanto el caso del aborto voluntario como el de la mutilación genital femenina constituyen prácticas que se realizan en la clandestinidad o en condiciones inseguras, y comprenden daños evitables en la salud y la vida de las personas que se someten o son sometidas a ellas. El Estado debería subrogar su rol punitivo a la hora de abordar tales problemáticas sociales porque la restricción en torno a la decisión soberana sobre el propio cuerpo es una injerencia que entorpece el ejercicio pleno de los derechos humanos. La Educación Sexual Integral (ESI), por otra parte, representa un recurso, sobre el que no se ha tomado debida responsabilidad y urge hacerlo en la medida en que involucra los derechos sexuales y (no) reproductivos. Los organismos internacionales son asimismo actores fundamentales para promover legislaciones, tratados internacionales y acompañar con recursos técnicos y materiales su implementación.

Derechos sexuales y (no) reproductivos

Cerca del 38% de los países del mundo han tomado decisiones legales en torno al acceso al aborto. Un número aún insuficiente cuando se trata de un tema prioritario sobre la sexualidad de las mujeres heterosexuales, lesbianas, bisexuales y varones trans. En el resto de los países existen diferentes modos de tratamiento ante la práctica abortiva que va desde la prohibición según causales a penas extremas: entre 8 y 40 años de cárcel para toda persona que realice o facilite la concreción del mismo, como en el caso de El Salvador, Guatemala, Nicaragua, República Dominicana, Malta y Ciudad del Vaticano.

Otro caso emblemático es Polonia. A partir de 1939, el aborto estaba despenalizado y legalizado. Pero en 1993 la Iglesia logró imponer una ley que acababa con la plena libertad de abortar. En 2017, se llevaron a cabo marchas multitudinarias en el país que se considera regido por una de las legislaciones más restrictivas de Europa.

En Argentina, desde hace más de una década se constituyó la Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, conformada por alrededor de 500 organizaciones de todo tipo y procedencias políticas. Sus consignas son: educación sexual para decidir, anticonceptivos para no abortar, aborto legal para no morir. En marzo de 2018, luego de una sostenida lucha del feminismo en el país, comenzó el debate en el Congreso para lograr una Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE). El mismo involucró a diversxs referentes sociales, profesionales y expertxs con posiciones a favor y en contra. Finalmente, en agosto, el Senado de la Nación, después de una larga contienda, rechazó el proyecto de despenalización y legalización del aborto.

En 2017 se presentaron avances en Chile y en Bolivia. En el primero, durante la presidencia de la socialista Michelle Bachelet, se despenalizó el aborto en tres causales: riesgo de vida de la madre, inviabilidad fetal y violación. En cuanto al segundo, el artículo 153 del nuevo Código Penal, elimina la pena en el caso de estudiantes, mujeres con hijos, discapacitados o mayores a su cargo, antes de la semana 8 de gestación. Igual, se considera la interrupción del embarazo como un delito con penas de hasta tres años de prisión.

En Estados Unidos, tras el 45 aniversario de la legalización del aborto, dicha medida se ve amenazada por el presidente republicano Donald Trump. El mandatario declaró que las mujeres que abortan deberían “enfrentar algún tipo de castigo legal”. El activismo está alerta.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) incluyó el misoprostol entre sus medicamentos esenciales, ya que está comprobado que reduce riesgos de muerte en abortos auto-inducidos. Se aplica en África y América Latina (Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Perú y Venezuela). Existen feministas que notifican y contienen a las personas comprometidas en abortar hasta la semana 12 del embarazo y con acompañamiento médico. Así se generan espacios de consejerías y se otorgan las pastillas. Este servicio de aborto médico en línea telefónica (gratuita, confidencial y atendida por mujeres) o por página web ofrece información precisa y segura. En la actualidad, la conquista del aborto voluntario convoca a los feminismos, movimientos de derechos humanos y de la disidencia sexo-genérica que siguen reclamando en torno a la soberanía de sus cuerpos.

Mutilación genital femenina

A partir de 2007, el Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA) y el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF) dirigen el Programa Conjunto sobre mutilación/ablación genital femenina (MGF), a nivel mundial, con “el objetivo de proteger a mujeres y niñas de la mutilación genital femenina mediante un enfoque que tiene en cuenta las diferencias culturales y que está basado en los derechos humanos”. El Programa Conjunto también promueve servicios de protección, asistencia sanitaria y legislación. El mismo se basa en una declaración que acordaron diez organismos de Naciones Unidas que luchan a favor de la salud y los derechos de las mujeres, exigiendo eliminar la mutilación en una generación.

La MGF se realiza en niñas desde la infancia a los 15 años con efectos perniciosos en la salud. Los motivos por los que se la practica difieren de una región a otra y también de una época a otra, aunque siempre revelan factores socioculturales vinculados a tradiciones familiares o comunitarias. A menudo responde a la concepción de lo que se considera una conducta sexual aceptable y tiene por objetivo asegurar la virginidad antes del matrimonio y la fidelidad después de él.

Según datos disponibles en 2016, a más de 200 millones de niñas y mujeres con vida se les practicaron mutilación genital en 30 países de África, Medio Oriente y Asia, donde se concentra la MGF. En 2013, el UNFPA publicó un documento que pronosticaba la tendencia futura. Desde 2005 hasta 2010, en África en general, la prevalencia de la MGF cayó un 5%. Si el descenso se mantiene constante, la práctica se reducirá a la mitad en 2074. En cambio, si la tasa sigue estable, debido al aumento de la población, las jóvenes de entre 15 y 19 años víctimas de la mutilación serán 20 millones en 2030 mientras que a finales de 2010 fueron 13,7 millones.

Con todo, hay países que registraron avances considerables: en Benín, la tasa anual de reducción es del 23%; en Nigeria, del 7%; en Egipto, del 6%; en Níger, del 5%; en Kenia, del 4%; en Senegal, del 3%, y en Burkina Faso, del 1%. En el extremo opuesto encontramos países que han experimentado un aumento: Guinea Bissau (2,1%), Mali (0,9%) y Guinea (0,7%).

En 1970, Edna Adan Ismail, la única ministra del Gobierno de Somalia hasta 2006 y activista de derechos humanos, fue la primera mujer del Cuerno de África que denunció los daños físicos y psicológicos que provoca la infibulación. Hasta entonces nunca una mujer había hablado en público de genitales y de sexualidad.

Infecciones de transmisión sexual

Cada día, más de 1 millón de personas contraen una infección de transmisión sexual (ITS). La OMS identifica alrededor de 30 virus, bacterias y parásitos que se transmiten por contacto sexual; 8 de los cuales son reconocidos como de mayor incidencia en las infecciones de transmisión sexual; 4 de las cuales, son curables: la sífilis, la gonorrea, la clamidiasis y la tricomoniasis.

Anualmente, se estima que unos 357 millones de personas las contraen. Las otras restantes son infecciones virales incurables aunque pueden ser tratadas para atenuar o modificar los síntomas o la enfermedad: hepatitis B, virus del herpes simple (HSV o herpes), HIV y virus del papiloma humano (VPH). Este último provoca 528.000 casos de cáncer cervicouterino y 266.000 defunciones y más de 290 millones de mujeres están infectadas. La transmisión es casi siempre por contacto sexual –vaginal, anal y oral– aunque puede darse por transfusiones de sangre o productos sanguíneos.

También durante el embarazo o el parto. Estas afecciones tienen un impacto negativo en la salud sexual y (no) reproductiva. De ahí, es imprescindible el uso de preservativos masculinos y femeninos. Por ello, la OMS propone un conjunto de estrategias: reforzar los servicios eficaces de lucha contra las ITS, promover prácticas orientadas a fortalecer su prevención, apoyar el desarrollo de nuevas tecnologías de precaución.

Educación sexual integral

La sexualidad encarna un aspecto fundamental de la vida humana, con dimensiones eróticas, físicas, psicológicas, sociales, económicas, políticas y culturales. Pese a ello, no siempre las personas jóvenes sexualmente activos/as reciben una preparación adecuada para llevar una vida personal, social y sexual satisfactoria que contribuya al desarrollo de su identidad. Esta situación las hace potencialmente vulnerables ante la coerción, el abuso, el incesto, la explotación sexual, el embarazo no planificado y las ITS. Por otra parte, llegan a la adultez con mensajes contradictorios y confusos sobre los géneros y las sexualidades de acuerdo a las normas que varían drásticamente entre y dentro de las culturas. De ahí que, casi diez años después de su primera edición, la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) actualizó íntegramente y reeditó el manual Orientaciones técnicas internacionales sobre educación en sexualidad. Este texto promueve la educación sexual integral para fomentar el respeto de los derechos humanos y la igualdad de géneros. Está orientado a docentes, educadores de la salud y a personas comprometidas con la toma de decisiones de dichos sectores, ofreciendo sólidas recomendaciones técnicas sobre las características que todo programa efectivo debe tener. Además, ayuda a los Poderes Legislativos de todos los países a diseñar planes de estudio precisos y adaptados a una población destinataria entre 5 a 18 años.

En cuanto a la Educación Sexual Integral (ESI) que se implementa en Argentina para ser cumplida en las escuelas a través de planes de estudio o legislaciones, incluye esta perspectiva como materias específicas, con actividades de formación o charlas abiertas, sin olvidar todas aquellas estrategias que fomenten y garanticen igualdad en el marco de los derechos humanos. Por ello, tanto acuerdos internacionales como el UNFPA han insistido a los gobiernos que faciliten su difusión, en especial, desde las instituciones educativas y a nivel comunitario, teniendo en cuenta las características de la población a la que está dirigida.

En general, las propuestas de ESI explican aspectos dedicados a las estructuras del cuerpo humano, derechos sexuales y (no) reproductivos, materiales acerca de métodos anticonceptivos y prevención de infecciones de transmisión sexual y HIV. Asimismo, ofrecen actualización sobre legislación referida a la salud sexual y (no) reproductiva para empoderar a niños/as y jóvenes. A la vez, se incorporan perspectivas de condiciones de vida de la sociedad y su cultura. Otros aportes se vinculan con las relaciones de poder entre los géneros sostenidas por los mandatos heteropatriarcales al reproducir estereotipos que profundizan la discriminación y violación a los derechos humanos de las mujeres y la comunidad LGTTBI.

Las enormes brechas que separa al Norte del Sur en relación a la obtención de derechos humanos y condiciones de vida dignas para sus poblaciones se expresan en números dramáticos. Resulta un imperativo para que comprendamos que no son tan sólo estadísticas, sino que involucra a personas. Algo de la frase de Jorge Luis Borges, “no nos une el amor sino el espanto”, se pone en juego a la hora de elaborar el mapa y las definiciones sobre el terreno de las sexualidades y los géneros al presentar pugnas de sentidos en relación a cómo llevarlas a cabo.

(*) Este artículo forma parte de El Atlas de la revolución de las mujeres. Del aborto al trabajo sexual y la trata, de la violencia de género a los techos de cristal, de la madre trabajadora a la decadencia de la “familia tipo”, de la literatura feminista a la música y el humor, El Atlas de la revolución de las mujeres ofrece una mirada profunda y crítica del patriarcado.

Fuente: https://www.telam.com.ar/notas/202010/520845-el-derecho-a-tener-derechos-.html